Nuestra sociedad sigue siendo profundamente sexista y
machista, el sistema de dominación remacha y remacha los
estereotipos y hace uso exhaustivo de todos los medios dispuestos
para reproducir los comportamientos, actitudes, formas de ver y aún de sentir
el mundo dentro del rango de posibilidades aceptadas dentro de sus casi
imperceptibles límites.
Una mujer que vive a plenitud lo hace por encima de los cánones,
los convencionalismos y a pesar de la “mala educación” que pueda haber
recibido, no hay nada más peligroso al sistema que un ser emancipado, libre
digno y autónomo y mucho más si es una mujer ya que esto per se es una traición.
Y no nos referimos a una mujer que imita patrones típicos del
macho cabrío tipo latino, tales como tomar trago, pelear o “fregar” a quien sea
con tal de alcanzar sus caprichos manipulando para dominar al otro… menos hoy
por hoy cuando los límites de los roles sexuales resultan ser tan difusos.
Hablamos de la mujer capaz de exhibir cualidades atribuibles a lo
femenino, tales como la sensibilidad, la intuición y la capacidad de amar
y que a su vez vive una vida plena a cualquier nivel bien sea
individual o social. Una mujer no tiene que negar su esencia de mujer para
sentirse realizada, tanto como un hombre sin dejar de ser hombre puede exhibir
cualidades atribuibles al rol femenino sin por ello ser homosexual.
En últimas, lo femenino no es una condición sine qua non
atribuible a la mujer tanto como lo masculino no es propiedad exclusiva de los
hombres, de tal manera que una perspectiva holística de la femineidad hará
referencia a la capacidad de la mujer de vivir a plenitud por encima de los
patrones asignados a la clase, al género, al rol o a cualesquiera otra
imposición que el sistema y sus intereses de dominio pretendan imponer al
ser humano y a su condición de co-creador de la vida.
Juan Carlos Peña Morales
Conmemoración día internacional de la mujer
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