jueves, 29 de septiembre de 2011

Escuela de Ciudadanía

En el módulo de multimedia 2 de la esp. en Comunicación Educactiva de Uniminuto se desarrolló este sitio en Wix sobre el tema de ciudadanía,espero sea de su agrado
http://www.wix.com/jeicipesco1/ciudadaniaydocencia

Versión preliminar artículo sobre Nuevas Ciudadanías

La emergencia de nuevas ciudadanías

“No hay protesta sin propuesta”

Marco Raúl Mejía.



La consulta de tesis de posgrado en las Universidad Central y Javeriana, ampliada con la indagación virtual sobre la categoría de ciudadanía, en relación con la convivencia y el conflicto, aporta información importante para la construcción de lo humano:

· Aldana en su ensayo sobre la importancia del gobierno escolar en la formación ciudadana recuerda que la escuela es uno de los escenarios para la formación en ciudadanía, en ella se dan interacciones formales e informales que puestas en cuestión son base para la construcción de las subjetividades en la interacción social. (Aldana, 2003)

· García en su trabajo Al Aire Formando Ciudadanos, define al sujeto político como aquel que actúa públicamente ya sea en escenarios de amplia cobertura o microesferas. Los seres humanos aprendemos en múltiples interacciones y escenarios. Formar al ciudadano es desarrollar la capacidad del individuo para involucrarse emocionalmente con las situaciones de otros, es analizar, argumentar y dialogar sobre los dilemas de la vida cotidiana, aprender a tomar decisiones cada vez más autónomas y realizar acciones que reflejen una mayor preocupación por los demás, para actuar de manera constructiva y democrática en la sociedad trabajando en proyectos comunes, en respeto y defensa de los derechos humanos, así como del ejercicio de la pluralidad, de manera que el desarrollo del juicio crítico así como la capacidad para optar permitan llegar a consensos sobre lo que para los sujetos y los grupos es realmente importante y valioso.

Para que la participación democrática se haga efectiva en la escuela, es necesario crear espacios de discusión en donde los niños, las niñas y l@s jóvenes aprendan a comunicarse, a través del ejercicio de la deliberación y del diálogo franco y abierto, con el fin de formarles un criterio, capacidad de análisis y discernimiento, allí la motivación y la identidad juegan un papel muy importante para que exista la participación. Define la ciudadanía como identidad y expresión de la pertenencia a una comunidad política, razón por la cual las diferencias entre individuos no se deben soslayar; la participación ciudadana es la base de los procesos de formación. (García, 2006)

· Silva, analizando la participación y la proyección social en perspectiva Educomunicativa, relieva la importancia de construir conocimiento trasdiciplinar en contexto para la formación de nuevos ciudadanos y de tejido social , conocimiento gestionado desde las comunidades, tomando en cuenta sus intereses y necesidades para que a la postre constituyan democracia en el trámite pluralista de los conflictos, promoviendo la diversidad, en este caso la ciudadanía es vista como la constitución colectiva de sujetos políticos que a su vez promueven la deliberación y la consolidación de la democracia a nivel local y global. (Silva, 2003)

· Tamayo, sobre la relación entre espacio público y ciudadanía nos refiere que, el espacio público urbano lo podemos ver desde lo geográfico, lo político y lo social, como espacio para vivir lo público pero también lo social: el esparcimiento, la democracia, la participación. El ciudadano es el que participa de lo público, se mueve entre lo privado y lo público construyendo relaciones a través sus interacciones en el espacio público. Somos lo que habitamos, así que es necesario comprender que promover la comunidad no consiste en revivir formas de vida superadas, por el contrario, construir una sociedad nueva es generar formas de vida que desarrollen los valores de la comunicación humana, de la libertad, de la solidaridad y de la convivencia. La ciudadanía es una construcción constante que se da en el interjuego entre los sujetos frente a lo público, que es político. (Tamayo, 2004)

· Yáñez dice que el ejercicio político, base de la ciudadanía, proviene de la esfera privada y se consolida en la pública. El ciudadano debe contar con fuentes identificatorias que le permitan sentirse parte de un proyecto estatal; se trata de que el sujeto ejerza de forma permanente su condición política, en las dos esferas, para que no se dé la separación como ocurre ahora y para que el sujeto realice ejercicios políticos relacionados con la participación y la democracia. Señala dos urgencias respecto al ejercicio de la ciudadanía, primero que los ciudadanos en general y no sólo la minoría dominante participen de la vida política del estado a través de la comprensión mínima del modo de funcionamiento del poder político y el ejercicio del control social, pues ello constituye una protección contra el clientelismo y el corporativismo y un ataque directo a la corrupción y a la impunidad, que acechan a nuestros países, también, es urgente en Colombia, rescatar y poner en uso los mecanismos de control ciudadano, últimos vestigios de la dimensión de lo público como proceso de participación, de búsqueda de conceptos de legitimación permanente de lo político. La ciudanía es una categoría construida históricamente que promueve el ejercicio por parte de los sujetos de la acción político discursiva. (Yáñez, 2004)

· Zacipa en Polis 2025: Juegos de ciudadanía, citando a Martín Hopenhayn, dice que la nueva ciudadanía se configura “a partir de otros bienes (como nivel de bienestar, acceso a la educación, información y comunicación; acceso a redes sociales; distribución de voz pública; entre otros), una reconceptualización de lo que es la igualdad y otros derechos”. Hopenhayn compara “el campo de la ciudadanía con el sueño de una nueva utopía que sustituya el viejo valor de la igualdad por el emergente valor de la diferencia.” (Zacipa, 2003, págs. 7,8)

Afirma la autora que la ciudadanía decanta en las posibilidades de los jóvenes de construir normas consensuadas de convivencia y nuevas formas de ser ciudadanos empoderándose de roles sociales. Es importante la preocupación por la juventud y las formas de ponerlos en juego frente a su construcción como sujetos políticos, valorar su capacidad para plantear formas alternativas de convivencia y ciudadanía. (Zacipa, 2003)

· Ortegón en el Hombre del trabajo, dice que la ciudadanía como identidad de una comunidad da cuenta de las relaciones entre individuo y estado, individuo y comunidad, con el propósito de reconocer y respetar la dignidad de todos sus habitantes. Es ciudadana aquella persona a la que en su comunidad política se reconocen y protegen, no sólo los derechos civiles y políticos, sino también los económicos, sociales y culturales. La ciudadanía social, es ciudadanía activa que promueve y trabaja por el bienestar subjetivo y comunitario a partir de la identidad. El trabajo es constitutivo de lo humano y constructor del ser ciudadano, hay que ver sus relaciones con el conflicto y la convivencia social. (Ortegón, 2005)

· Para Orjuela, Rozo y Valencia, la ciudadanía está relacionada con el ejercicio equitativo de los derechos y deberes de los miembros de la comunidad escolar. Los sujetos participan en los problemas convivenciales que los vinculan y los confrontan en la práctica de bienestar social, seguridad y espacio de socialización que es la escuela. (Orjuela, Rozo, & Valencia, 2010)

· Maturana, Pesca, Urrego y Velasco, refieren la ciudadanía como la puesta que hacen los actores en los colegios de la construcción y cambio desde el acercamiento a prácticas de consenso y participación, ejerciendo una práctica conflictiva vinculada al poder y reflejando inconformismo frente a la forma de resolución de los problemas de la escuela. Muchos sujetos respetan las diferencias, generan procesos de inclusión, valoran los derechos humanos, pero también se presentan acciones de ejercicio de autoritarismo cuando se abusa del poder desconociendo a los sujetos, lo que genera manifestaciones de inconformidad. (Maturana, Pesca, Urrego, & Velasco, 2009)

· Rodríguez cita a Manuel Antonio Garretón para definir la ciudadanía, como la “reivindicación y reconocimiento de derechos y deberes de un sujeto frente a un poder” y al antropólogo Adrián Serna, quien dice que es la “identidad superior de la vida pública” en las sociedades democráticas, concepto que trasciende el reduccionismo que situaba lo ciudadano como acción electoral y ubicándolo como una serie de disposiciones prácticas para existir en la vida colectiva. (Rodríguez, 2005)

· López afirma que el estudiante es protagonista de su formación mientras la familia y la escuela son agentes en la construcción de ciudadanía. La responsabilidad ética y política del maestro es grande, ya que debe ser un agente negociador, conciliador, capaz de descubrir a los estudiantes que se sienten aislados y rechazados para involucrarlos desde sus prácticas pedagógicas en actividades sociales que fomenten la confianza y la responsabilidad social. (Estévez, 2006)

· Sánchez, dice que la ciudadanía responde a derechos y deberes, relacionados con la participación en la esfera pública, lo político es la puesta en práctica de esos derechos y deberes. Define la ciudadanía multicultural desde Kymlcka, cuya tarea es propiciar que las democracias construyan en sus constituciones políticas, el reconocimiento y apoyo a la identidad cultural de los grupos étnicos y a las minorías nacionales apostando por la justicia basada en la igualdad. (Kymlcka, 1996)

En la medida que los ciudadanos participan, interactúan toman decisiones y se fundamentan en valores, conceptos e ideas de otros, se facilita la adquisición de una identidad cívica compartida, a partir de la toma de conciencia de que se pertenece a una comunidad de la voluntad por participar en ella, evidenciándose así el sujeto político. Los educadores como sujetos políticos, con su juicio crítico pueden aportar en la construcción ciudadana. (Sánchez, 2007)

· Según Bonilla la ciudadanía es el elemento de garantía del respeto de los derechos inherentes a la dignidad humana, definida como la responsabilidad política y la capacidad de los sujetos para organizarse y comprometerse en relaciones sociales. El sujeto ético-político es el que toma decisiones que contribuyen a la construcción social del individuo, ejerciendo sus derechos con capacidad crítica para construir colectivamente y responder a problemáticas sociales. (Bonilla, 2010)



· Para Luquez y Sansevero, la participación de los sujetos es básica para la construcción de ciudadanía y democracia, en la educación el individuo obtiene la capacidad y la voluntad para comprometerse con otros, (comunidad e instituciones); el dialogo, la colaboración y la responsabilidad son necesarias para formar ciudadanos participativos. (Luquez & Sansevero)

· Alvarado y Carreño, afirman que la educación en ciudadanía es uno de los caminos posibles para la realización de la justicia social. La ciudadanía es un proceso evolutivo que se construye en la práctica de los sujetos, en ritmos y tiempos diferentes, generándose diversas formas de interacción según las prácticas sociales. (Alvarado & Carreño, 2007)

Como observamos a partir de las tesis consultadas, la ciudadanía es una construcción histórica, concomitante con la democracia, que pasa por la garantía de los derechos y libertades clásicas del estado moderno, hasta constituirse como la posibilidad de la plena realización de los seres humanos, que en interacción continúa, en diálogo consigo mismos y los demás nos hacemos conscientes de la interdependencia que nos es característica y que implica el reconocimiento pleno del otr@ como sujeto político, capaz de interactuar y participar para la satisfacción de sus necesidades personales y las de su grupo social, sin menoscabo de las libertades y el respeto por lo vivo.

L@s jóvenes y su característico ímpetu son actores de la formación ciudadana ya que tienen mucho que aportar desde sus subjetividades, la escuela ha de reinventarse hasta el punto de dar juego a todas las expresiones juveniles, en relación cofigurativa (de negociación mutua) con el mundo adulto.

En el texto De la mano de Alicia hablando de Ciudadanía, emancipación y política, Boaventura de Sousa Santos explicita dimensiones de la ciudadanía a tener en cuenta en procura de una mayor comprensión de lo humano, en la mira de plantear propuestas de formación en ciudadanía interpeladas por el conflicto y la convivencia en la escuela, intentemos esclarecer una concepción de ciudadanía multidimensional desde este autor. (de Sousa, 1998)

Lo primero es que el principio de la subjetividad es más amplio que el principio de la ciudadanía ya que involucra la auto-reflexividad y auto-responsabilidad.

La ciudadanía enriquece la subjetividad y le abre nuevos horizontes de autorregulación, versus la vía de derechos y deberes generales y abstractos que reducen la individualidad, transformando a los sujetos en unidades iguales e intercambiables en el interior de las administraciones burocráticas públicas y privadas; igualdad de la ciudadanía que choca, con la diferencia de la subjetividad, en la regulación liberal esa igualdad es selectiva y deja diferencias intactas, sobre la propiedad, la raza y el sexo, reivindicaciones que hoy se convierten en los objetos centrales de las luchas por la igualdad. Esta tensión radical solo es susceptible de superarse en caso de que la relación entre subjetividad y ciudadanía ocurra en el marco de la emancipación y no en el de la regulación.

La emancipación plantea la posibilidad de pensar en nuevas formas de ciudadanía, en las que sea posible una relación más equilibrada con la subjetividad, sin olvidar que el estado ocupa una posición central en la configuración de las relaciones sociales de producción capitalista.

La nueva ciudadanía se constituye tanto en una obligación política vertical entre los ciudadanos y el estado, como en una relación horizontal entre los ciudadanos, lo que revaloriza el principio de la comunidad y las ideas de igualdad sin identidad, autonomía y solidaridad. La ciudadanía entonces no es sólo individual y nacional puede ser colectiva, local o transnacional.

Para el autor se debe incluir una nueva teoría de la democracia que permita reconstruir el concepto de ciudadanía. La democracia representativa constituyó hasta ahora, lo máximo de conciencia política del capitalismo; la renovación de la teoría democrática se basa en la formulación de criterios democráticos de participación política, una articulación entre democracia representativa y participativa. La nueva teoría democrática deberá proceder a la repolitización global de la práctica social, lo que permitirá descubrir nuevas formas de opresión y crear nuevas formas de democracia y ciudadanía. La teoría democrática postmoderna tiene como objetivo ampliar y profundizar el campo político en todos los espacios estructurales de la interacción social, en este proceso el espacio político liberal y de ciudadanía tienen una profunda transformación.

La emancipación es más que un conjunto de luchas procesales, distinta de otras luchas por su sentido político; el socialismo es el conjunto de sus adjetivos en equilibrio dinámico, socialmente dinamizados por la democracia sin fin. Se requiere una nueva teoría de la emancipación que no sea más que el efecto de las teorías, de la ciudadanía y de la subjetividad, en la transformación de la práctica social llevada a cabo por el campo social de la emancipación. La ampliación de las energías emancipatorias solo tiene sentido si se condensa en actos concretos de emancipación de individuos o grupos sociales.

Aparece aquí la utopía como la explotación de nuevas posibilidades y voluntades humanas por el camino de la oposición de la imaginación a la necesidad de lo que existe, en nombre de algo radicalmente mejor, que la humanidad tiene el derecho de desear y por lo que vale la pena luchar. Una compresión profunda de la realidad es esencial para el ejercicio de la utopía. A pesar de que el pensamiento utópico es una constante del mundo occidental, la racionalidad científica y el cientificismo desde mediados del siglo XIX han venido creando un ambiente intelectual hostil a este.

La utopía es la metáfora de una hipercarencia formulada a un nivel en que no puede ser satisfecha; paradójicamente lo que es importante en ella es lo que no es utópico en ella. Una nueva epistemología y una nueva psicología son las dos condiciones de posibilidad de la utopía, ya que, el conocimiento sin reconocimiento no se conoce ni así mismo. La utopía implica una arqueología virtual del presente, es decir se pregunta y responde por lo que no se hizo y pudiendo ser no fue, por la subjetividad silenciada.

Así que Boaventura hace utopía a partir de complejas pero claras categorizaciones y conceptualizaciones poniendo en juego su capacidad analítica para definir la crisis del paradigma moderno en tiempos del capitalismo globalizante y trazar posibles rumbos sociopolíticos para la emergencia del sujeto, la comunidad, la ciudadanía, la democracia, la emancipación, los derechos humanos y el multiculturalismo en tiempos postmodernos. Aporta puntos de vista que concatenados permiten ir en el camino de comprensión hermenéutico necesario para responder a los retos de hoy con mirada de futuro (respuestas globales a fenómenos globales pero localizados, en sujetos, situaciones, luchas y reivindicaciones concretas).

La ciudadanía es uno de los espacios-tiempo redefinidos por el capitalismo globalizante, nuevas ciudadanías son posibles en el escenario de la comprensión de los fenómenos actuales y el interjuego de la construcción de subjetividades en una perspectiva emancipadora (de los sujetos, la democracia, de la formas de relacionarnos y de dignificar nuestra condición humana). Debe ser nutrida y atravesada por su herencia moderna que la configuró pero también por las perspectivas de futuro que la moldearán (ciudadanías locales, nacionales, regionales, globales)

La participación ciudadana es planteada siempre desde la horizontalidad de las relaciones entre subjetividades, sin negar las relaciones verticales de dominio y poder en el estado, entre grupos de poder e intereses divergentes.

Entonces, lo humano está representado en la posibilidad de lo utópico, en la capacidad de soñar con los pies en la tierra, en nuestra capacidad para hallar salidas alternativas a las problemáticas fundamentales que nos ponen en peligro. Las capacidades de comprensión a partir del diálogo intercultural, de aglutinar fortalezas entre las culturas para acercarse a respuestas cada vez más globales a fenómenos igualmente globales, causados por la depredación de los poderes, hoy trasnacionales, es una concepción de lo humano constructiva y propositiva en la medida que cree que somos autorecicladores de nuestros propios errores, carencias y fallas como forma de dar respuestas mucho más armónicas y coherentes a las situaciones que se nos plantean. No es tarea fácil ni existen determinismos sociales, se plantean escenarios probables según los decursos espacio-temporales que se puedan dar.

La modernidad prometió el poder al sujeto y a la comunidad y no lo otorgó en realidad, si permitió la emergencia parcial de las ciudadanías liberal y social y del sujeto narcisista consumista luego, pero negó la emancipación del potencial humano que ayudó a desarrollar. El estado y el patriarcalismo autoritario en el contexto del modelo capitalista permitieron la consolidación de los poderes de clase en las élites nacionales y luego por su evolución en las corporaciones y poderes trasnacionales.

Este ejercicio del poder ha generado respuestas en los movimientos sociales que han reivindicado históricamente la satisfacción de sus más esenciales necesidades humanas; construyendo la noción de poder desde la dialéctica de las tensiones históricas de la modernidad entre varios binomios, de manera que los que lo ejercen constriñen a sus subordinados y estos a la vez encuentran formas de insubordinación para hacer frente a la opresión; sin olvidar que el poder evoluciona junto a las demandas de los subordinados.

La ciudadanía no es el único escenario para la expresión del poder del sujeto y las colectividades y solo cobra fuerza en la medida en que evolucione hacia formas más comprensivas de las necesidades de expansión del potencial humano. En los actuales momentos el poder originado en el ciudadano está transido por lo que de formal representa este frente al estado en sus relaciones verticales y los aportes del diálogo intercultural y las relaciones horizontales entre sujetos ciudadanos que construyen nuevas formas de interacción con el estado y por encima de él, por eso se llega a hablar de nuevas ciudadanías.

En términos amplios Boaventura analiza la vida humana a la luz de las transformaciones culturales que ha implicado el desarrollo del capitalismo en su versión moderna y postmoderna. Podríamos decir que analiza la gestión de lo humano desde el paradigma dominante y en contraposición desde la construcción emergente (aun en desarrollo) de un paradigma alternativo que permita dar respuestas cada vez más cohesionadas y globales desde lo fundamental, a los problemas originados por el modelo hegemónico.

El devenir histórico de la modernidad, sus aportes (derechos, estado, democracia representativa, ciudadanía) sus desatinos (negación de la emancipación, epistemicidio, depredación del hombre por el hombre y de la naturaleza por el hombre) y los retos de la posmodernidad para construir alternativas concretas y utopías que orienten el futuro son planteados también. Se sintetiza el análisis alrededor de los escenarios múltiples de la transición paradigmática, las necesidades de comprensión intercultural y la apuesta por la garantía del estado providencia, que permita la libre competencia entre el paradigma capitalista expansionista y el ecosocialista.

Así que la ciudadanía es una categoría construida históricamente, típica de la modernidad, que solo puede crecer a la luz del desarrollo de la subjetivad y la emancipación humanas. Solo en la gestión de lo vivo a partir de su multidimensionalidad y en el enriquecimiento derivado del diálogo multicultural se desarrollarán nuevas ciudadanías que como ejercicio de las subjetividades y en representación de lo comunitario (la solidaridad humana) aporten a la emergencia de paradigmas más armónicos con la naturaleza de la cual hacemos parte.

El sujeto necesita conocerse tanto en su cotidianidad (localización) como en sus relaciones más cercanas y lejanas (globalización). La politización del contexto inmediato, está en sintonía con las reivindicaciones de los diversos movimientos sociales e inscribe al sujeto en las trasformaciones en curso de la transición paradigmática que vivimos.

En este contexto la ética del sujeto radica en el conocimiento de su realidad en relación con la realidad de los demás, la conciencia de sí y el mundo y la necesidad de articularse a dinámicas sociales que confronten los diversos problemas causados por su enajenación en el modelo capitalista hegemónico. Sujeto que riñe con la profundización de la diferenciación norte-sur ya que va en contravía de la utopía de alcanzar el desarrollo total de lo humano sin menoscabo de la dignidad de parte alguna. (de Sousa, 1998)

Compendiando, la importancia de la hermenéutica emprendida por Boaventura de Sousa para la comprensión multidimensional de la categoría de ciudadanía, radica en que la subordina al desarrollo de la subjetividad y la emancipación, enriqueciendo su comprensión y haciendo urgente la necesidad de priorizar lo humano, la ética, la solidaridad y la reflexión del devenir histórico para imbricar la ciudadanía con la búsqueda y la concreción de la utopía, como caminos para la emergencia individual y social de los sujetos.

Nuevas ciudadanías para la satisfacción de sus necesidades humanas fundamentales a partir de la concertación social de los satisfactores que les resulten necesarios (Max-Neef, 1997, retomado por de Sousa) y para el advenimiento de diálogos interculturales a nivel local y global que permitan enfrentar los graves desequibrios y problemas planteados por el modelo de desarrollo humano vigente y el planteamiento de modelos alternativos que den cuenta de la infinita diversidad de lo humano en condiciones iguales para tod@s.

La escuela en este contexto, requiere una revisión profunda que le permita conjugar lo mejor de su pasado moderno, que la convirtió en la institución de la reproducción social y la habilitación de los seres humanos para la producción, con los retos que demanda el mundo de hoy. Claro que sigue siendo un lugar de lo público[1] para aprehender lo vivo, para alcanzar el conocimiento y los aprendizajes bien sean formales e informales.

Educar para la comprensión según Morin, es educar para ser conscientes de las trampas de la razón, de los errores y las ilusiones que nos conducen a las racionalizaciones, los misticismos, las ideologías y todo lo que hace resurgir nuestra visceralidad cargada de argumentos, también nos recuerda que el mundo de la afectividad es importante y necesario para el razonamiento humano, que el quid del asunto radica en encontrar el equilibrio desde el que la pasión impulse a la razón a ser creativa y la razón permita que la pasión sea el motor de la búsqueda (Morin, 2000). De manera que la escuela tiene hoy a su alcance nuevas comprensiones sobre la vida que debe asumir para cumplir con su objetivo de aportar al desarrollo pleno de l@s estudiantes y demás participantes, al de su subjetividad, su compromiso social, su conciencia crítica y propositiva, como ciudadanos de un mundo que se nos encoge día a día. La escuela debe buscar recuperar la expresión de la multiplicidad de lo humano, permitir que el mundo de la vida transite por ella y se enriquezca, para lo que es fundamental romper con la segmentación disciplinar que elimina lo complejo y las inercias institucionales que la condenan a desaparecer.

La novísima escuela puede promover las maneras de gestionar el conflicto y propender por el equilibrio entre las necesidades del desarrollo desde el sujeto a las necesidades del desarrollo a escala planetaria (en sus diversos niveles y contextos). La escuela de hoy puede apostar por su transformación a partir de la valoración, conocimiento y comprensión de las interacciones que en ella tienen lugar, para potenciar la ética de lo vivo, del profundo respeto, compromiso y dignificación de la vida, promoviendo la vida democrática como reguladora y posibilitadora de la expansión individual y social, facilitando el encuentro intercultural, el reconocimiento personal y de los otros para aprender a gestionar la vida en comunidad (común-unión) y solidaridad.

Para Valderrama el sistema educativo está retado a desarrollar capacidades en los educandos para el procesamiento y generación de conocimiento, para la lectura de contextos y la actuación coherente, así que más allá de los medios de comunicación o los artefactos, el objetivo es la formación del sujeto político, formación que adquiere nuevos sentidos que el sistema educativo tradicional no cumple, esto es: abrir las puertas de la escuela a la nueva esfera pública global, la necesaria autonomía y criticidad del sujeto y la construcción de subjetividades en escenarios con alta densidad comunicativa. (Valderrama, Medios de Comunicación y Globalización: Tensiones de la política, las identidades y la educación, 2004)

Construir ciudadanía desde la escuela va más allá de los acostumbrados reduccionismos pedagógicos y políticos, tales como la formación en derechos y deberes y la llamada educación cívica. La dimensión comunicativa de la ciudadanía presenta en este marco cuatro componentes fundamentales: el diálogo, la hermenéutica, la narración, y la dimensión tecnológica y mediática (Valderrama, CMS DE Carlos Villota Hurtado, 2011).[2] Así que el estudiante debe desarrollar capacidades para interpretar y comprender su contexto, global y local, habilidades para convertir la información en saber social y políticamente productivo.

Todo cambia, La naturaleza, las subjetividades, nuevas ciudadanías emergen, el lenguaje, las formas de relacionarnos, las prioridades; las transformaciones en ciernes obligan más que a diagnosticar la vida a actuar conscientemente sobre ella, procurando siempre la claridad, la expansión de nuestro potencial humano, el desarrollo de la humanidad. Pearce Barnett nos habla del construccionismo social, según el cual la comunicación es preponderante, ya que es por su medio que el ser humano hace el mundo, el lenguaje objetiva el mundo, las interacciones cambian concepciones y formas de producir y hacer, nos co-creamos a partir de nuestras intrincadas interacciones sociales. (Barnett, 1994)



[1] El profesor Marco Raúl Mejía, define lo público como el escenario de la lucha entre los intereses del poder capitalista trasnacional que se lo está apropiando (privatizando) y las propuestas de los movimientos sociales, algunas ONG, sectores sociales y gobiernos alternativos que pretenden recuperarlo para las sociedades. Lo público es diferente si es mediatizado, esto frente al proyecto de uso instrumental de las TIC, ya que no sabemos nada de la tecnología blanda (software) para construirlas; así que el uso del aparato es desde el horizonte cultural, por lo que debemos ir a lo comunicativo y a lo tecnológico para convertirlo en un asunto público, ya que hoy de la socialización se encargan los medios y la industria de masas y la escuela está supeditada a los estándares y las competencias para la habilitación en el mundo laboral. Según Mejía, las luchas actuales son en escenarios físicos y virtuales por la gran mediatización de la vida y en diferentes niveles, el micro, el del día a día que implica la pedagogía en la escuela , el intermedio, que busca transformar las instituciones locales y el macro, que serían las políticas públicas estatales de carácter popular. Deduciéndose que para el autor, la ciudadanía y otras categorías se configuran en estos escenarios de lucha por lo público. (Mejía, 2011)




Juan Carlos Peña Morales
Esp Comunicación Educativa